Y entonces desperté esa
mañana con una resaca horrible, pareciera como si alguien hubiese querido pegar
las sábanas a mi cuerpo en forma de broma, pero en el fondo sabía que no había
sido así. Fui abriendo los ojos lentamente para descubrir que me encontraba en
mi humilde cabaña de invierno, y es que sólo usaba ésta casa cuando las
temporadas de frío comenzaban a hacerse presentes y el chocolate caliente se
volvía indispensable. En mi pequeño conflicto mental trataba de llegar al fondo
de la situación, ¿por qué ésta mañana había amanecido en mi cama con una
molestia tremenda en la parte interna de mi cráneo? ¿Porqué me sentía mucho más
fría que de costumbre? Era un frío tan diferente, que hasta daba miedo. Me preguntaba
cuál sería una explicación congruente a éste acontecimiento tan peculiar,
tomando en cuenta que la noche anterior me encontraba en una fiesta del otro
lado del mundo.
El tiempo pasaba y fue entonces cuando recordé que en
aquella fiesta revoltosa, se encontraba conmigo Karmina, mi vieja amiga de la
universidad. Llevamos más de 10 años siendo amigas y no encuentro el motivo por
el cual cada vez que la veo algo extraño sucede. Recuerdo como mi madre nunca
se llevo bien con Karmina, siempre que nos visitaba era como si mamá le
estuviera aplicando la ley del hielo, cuando hablaba, ni siquiera la volteaba a
ver, como si no estuviera.
El día comenzaba normal, me levante como era costumbre a
las 6 de la mañana para dirigirme a mi pequeño despacho situado en el centro de
la ciudad, atendí a los clientes como cualquier día, tomé mis cuatro tazas de
café respectivas al día viernes, regresé a mi casa temprano para poder
arreglarme un poco y dirigirme a la locación donde se llevaría a cabo la
celebración del compromiso de mis mejores amigos Joel y Victoria. Por eso de
las 9 de la noche iba yo en mi móvil por la carretera a Castañuelas, ya que el lugar de la fiesta
se encontraba un poco retirado. Caminando por la carretera se encontraba
Karmina, así que me detuve y abrí la puerta, para ofrecerle llevarla a la
fiesta, me dijo que me había estado esperando y me pregunto como estaba,
platicamos unos minutos en lo que llegábamos a la celebración. Ya en la fiesta
todo era fantástico, mis amigos siempre habían sido una pareja envidiable,
desde siempre supimos que tenían que estar juntos, la celebración comenzó con
un brindis por la pareja pero yo me propuse a que esta noche no probaría ni una
gota de alcohol. Vi a Karmina muy aburrida, nadie se acercaba a sacarla a
bailar, en cambio a mí ya me habían llevado a la pista varios hombres. Comencé
a sentirme algo mal y le pregunte a mi amiga si quería que las dos fuéramos a
bailar juntas, y así lo hicimos. Más tarde en la pista de baile, Karmina me
entrego mi vaso, al probarlo note que el sabor era un poco fuerte, pero en ese
momento estaba tan entretenida bailando que no me importo. Y así como ese vaso
llego, fueron llegando muchos más, perdí la cuenta de cuánto líquido había
entrado en mi cuerpo.
Me levanté y me dirigí a la cocina, tome un vaso de agua.
Reflexione y concluí que tal vez la mejor opción sería darme un buen baño. Sí,
un baño espumoso y relajante, tal vez esa sería la solución para resolver este
revoltoso acertijo. Pero justo cuando estaba a punto de hacer girar la llave de
la ducha, escuche como la puerta de entrada se abría, me dirigí hacia ella y
comprobé que se trataba de mi madre.
Mi madre era de las que tenían que asegurarse cada cinco
minutos si a sus hijos les hacía falta algo. Hoy venía a hacer su rutina diaria
de revisión, las típicas preguntas: “¿Dónde te has metido hija?”, “¿te está
yendo bien?”. Ver a mamá era como si alguien me pusiera la misma película todos
los días a la misma hora, nada cambiaba. Y es que era como si no le importara
lo que fuera a responderle, ya que nunca había tiempo para contestar sus
preguntas, era como si nuestra conversación de un monólogo se tratase.
Cuando mamá se fue subí de nuevo a mi cuarto y traté de
hacer memoria sobre la noche anterior, fue entonces cuando todo comenzó a
ponerse muy claro, los cabos se ataban y las preguntas empezaban a tener
respuestas. El dolor de cabeza volvía y se incrementaba, el frío era un
infierno y mis extremidades perdían el movimiento.
Comencé a marearme, mi alrededor se tornaba obscuro y el
aire se volvía denso, las palabras que salían de mi boca ya no tenían sentido y
las personas que me rodeaban comenzaban a desaparecer. Silencio, silencio era
todo lo que escuche después de haber descubierto que Karmina de nuevo me había
tendido una trampa, al reaparecer en mi vida y convencerme de verter el veneno
que encontré en el baño dentro de mi vaso, un veneno mortal que me hizo
desvanecer en segundos...